domingo, 28 de agosto de 2011

[ Desde la Super Trinchera ]

Esta es la segunda vez que una bala se acerca demasiado. Hice una promesa, que no pienso cumplir. Una palabra no basta ni será suficiente pero sabré que por lo menos existió, como posibilidad. Nos dijeron, nos dicen, nos dirán. Nosotros solo tenemos la industria de la mentira.


Mi pueblo está tardando en despertar y ya no queda mucho. Pocos son los que se atreven pero de forma clandestina y eso no es suficiente. Me he acostumbrado a dormir con varias rondas de helicópteros y el sonido de la sirena que va y viene. Por alguna razón toda la ciudad se desangra.


Apuesto que la noche ya no esconde muchas novedades, que la esquina del bar ha plantado un distribuidor cada cien metros y todos los recursos se reducen a “no pasa nada”. Que el pequeño monstruo creció demasiado y ahora comemos mierda mientras otros siguen entumidos con la tv.


Pero no le han de echar la suerte a un gitano, y las ganas de correr me las quemo en los mismos zapatos. Porque es más cobarde quien contempla desde lejos y se atreve a dar algunos remedios.


Desprecio profundamente el flatulento comentario cargado de tristeza por una suerte que nosotros mismos hemos ganado. Y desprecio todavía más, a aquel que ve inundar de afuera su casa y se proclama inmejorable, mientras se ahoga su propia carne.


Yo no tengo una cuarenta y cinco en el cajón de las herramientas, no hay 007 en el bolso, a penas llevo mis llaves, el móvil y la única esperanza. En mí. En todas y cada una de las personas que comparten esta violenta situación, pero que llevan la frente muy alta. Porque aquí no nos rendimos, manque nos muramos en la raya.



[ Desde la Súper Trinchera…LITERAL ]

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