jueves, 9 de diciembre de 2010

Callejeras...




No nos vamos a poner deacuerdo. Mientras tiren de los hilos como aquel que silba y traga pinole,encontraremos todo, menos la manera de coincidir.A mediados de los ochenta, vestir como callejera permitía una serie de libertades estéticas, que poco dejaban negociar a la reputación.Hoy día todo sigue igual.La tendencia siempre será a favor de la revolución sexual.Eso y que nadie gana un peso con otro trasfondo.



No pude evitar involucrarme en una charla que exigía además de tiempo, un poco de habilidad con el abuso de la moral.Se confrontaba la opinión de una ultraconservadora-derecha, en oposición a una minoría no menos radical pero de caracter liberal.


"TODAS LAS PROSTITUTAS DEBEN SER DESEABLES"



Poco más que insufrible, resultó el primer argumento de los puristas.Sofistas por aquí y por allá y todos tomamos de bandera alguna cortesana.Que si los gustos, que si los géneros y que si en los petates se rompe de todo.Habría que entrarle de lleno a las estadísticas y como mucho, yo, no les creo, prefiero hacer uso de la especulación.




El objeto del deseo debe contener al menos UN elemento que proporcione justamente la plena manifestación del mismo.Esto, llevado al terrible instante de tan acalorada discusión, se traducía en una práctica poco elegante del vocabulario.





Siempre he dicho que la carga emocional en un sonido determina en mucho la respuesta del interlocutor.Y así fué.Nos dijimos nuestro precio.Todo en el sentido principal que fundamentaba el tema: "TODAS LAS PROSTITUTAS DEBEN SER DESEABLES,TODAS LAS PROSTITUTAS DEBEN SER..."




Don Filogonio GarcíaPeña de la Vega y Góngora aseguraba que por ningún motivo contrataría los servicios de una callejera, pero que haciendo un esfuerzo por acomodar una opinión, se pondría en semejante condición.El y los otros nueve hipócritas encontraban IMPOSIBLE conseguir la simple idea de una erección si el cuerpo de la prostituta no era estéticamente bien formado.Sustentaban el hecho, en un condicionamiento que la sociedad reforzaba constantemente.




En cambio, la minoría,una servidora y dos valientes intrépidos, optamos por la honestidad.A decir verdad, el sexo como propósito único en un encuentro, me resulta incompleto, pero reconozco que en dado caso que las circunstancias presenten la oportunidad, existen muchas posibilidades para su libre ejercicio.




Precisamente.Es en completa libertad como se obtiene mayor placer.Bueno fuera que viviéramos en la manifestación absoluta del gozo, pero hay prioridades.A pesar de ello,la discriminación ó la selección espontánea, determinan la practica del mismo.Invariablemente, sexo para todo aquel que esté dispuesto.En este caso, para quien cubra la cuota.




Pero no quedé satisfecha con el debate.Según esto,el condicionamiento social parece afectar mayormente (no todos) a los hombres de cierto estrato.Dejando como rey de la gozadera, al pueblo.Que viva pues, la clase obrera asalariada,los pretextos que se ingieren para liberar los delirios, y la clientela fiel.

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